Hay algo que está cambiando en la forma en la que bebemos vino. No es una ruptura brusca ni una moda pasajera, sino una transformación silenciosa pero firme que ya se percibe en barras, restaurantes y lineales especializados. El consumidor actual busca frescura, ligereza y versatilidad. Y el sector, lejos de resistirse, empieza a responder con inteligencia.
En este nuevo escenario, el papel de quienes prescriben el vino adquiere más relevancia que nunca. Los miembros de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino no solo catan: interpretan el momento, filtran tendencias y ayudan a construir el relato de lo que está por venir. Su criterio, basado en la cata a ciegas y en una sólida experiencia, sigue siendo uno de los grandes termómetros del sector.

Del vino de siempre al vino que viene
Durante décadas, el verano ha tenido códigos bastante definidos: blancos jóvenes, rosados frescos, espumosos fáciles. Sin embargo, esa fotografía empieza a quedarse corta. Hoy, la conversación ha cambiado.
Aparecen con fuerza vinos de menor graduación, referencias desalcoholizadas, mostos parcialmente fermentados y bebidas aromatizadas que encuentran su espacio en un consumidor más consciente, que no quiere renunciar al placer pero sí modular cómo y cuándo consume.
No es casualidad que el fenómeno del low alcohol gane terreno ni que propuestas híbridas —a medio camino entre el vino, el aperitivo y la coctelería— estén conquistando nuevos momentos de consumo. El vino, en definitiva, se está volviendo más flexible, más transversal y, en cierto modo, más contemporáneo.
Un concurso que lee el presente (y anticipa el futuro)
En este contexto se sitúa la PWC VERANO 2026, impulsada por la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino, que se celebrará del 1 al 15 de junio de 2026.
Más allá de su función como certamen, la PWC se ha convertido en una herramienta de lectura del mercado. Aquí no solo se premia la calidad: se detectan दिशiones, se validan categorías emergentes y se pone el foco en aquellas propuestas que están conectando con el consumidor real.
La edición de verano refuerza especialmente esta mirada, abriendo la puerta a productos que hace apenas unos años eran marginales y que hoy ocupan un lugar creciente en la conversación:
• Bebidas de menor graduación alcohólica
• Vinos desalcoholizados
• Mostos parcialmente fermentados
• Propuestas aromatizadas y aperitivos vínicos
Todos ellos serán sometidos a catas a ciegas por un panel de expertos, en un ejercicio que combina rigor técnico y sensibilidad hacia las nuevas formas de consumo.
La innovación ya no es opcional
Lo interesante es que muchas bodegas —también en territorios como la Comunitat Valenciana— han entendido que esta evolución no va de renunciar a la identidad, sino de reinterpretarla. Innovar ya no es una opción estratégica: es una necesidad competitiva.
Participar en la PWC VERANO 2026 implica, en este sentido, algo más que buscar un reconocimiento. Es posicionarse, medir el pulso del mercado y, sobre todo, formar parte de una conversación que ya está definiendo el futuro del vino.
Como incentivo, las 100 primeras bodegas que inscriban varias muestras podrán presentar una adicional sin coste, un detalle que subraya el interés de la organización por fomentar la participación en esta edición especialmente significativa.

Un verano que ya no sabe igual
Quizá la mejor forma de entender lo que está ocurriendo sea sencilla: el verano ya no sabe igual. O, mejor dicho, sabe a más cosas.
A lo ligero, a lo fresco, a lo “sin”, pero también a lo bien pensado. A productos que no buscan sustituir al vino tradicional, sino ampliar sus posibilidades.
En ese mapa en construcción, la PWC VERANO 2026 se presenta como una cita clave. No solo para premiar, sino para entender hacia dónde se mueve —y se beberá— el vino en los próximos años.
























