38 bodegas, procedentes de 18 pueblos, unidas en Madrid por una misma convicción: el vino empieza en la tierra y en quien la trabaja.
Más de 150 vinos se sirvieron a lo largo de la jornada ante cerca de 500 asistentes —profesionales del sector y aficionados— en una cita marcada por la conversación, la cata y el intercambio directo con los viticultores

Durante la jornada de ayer, 2 de marzo, Madrid se convirtió en punto de encuentro del viñedo. 38 bodegas procedentes de 18 pueblos reunieron en la capital la diversidad de un mismo territorio y la reivindicación del trabajo directo en la tierra.

El primer encuentro de VIR (Viticultores Independientes en Rioja), que tuvo lugar en el Espacio Jorge Juan, reunió a cerca de 500 asistentes a lo largo de la jornada, entre profesionales del sector —enólogos, sumilleres, distribuidores, hosteleros, prensa especializada y otros viticultores— y público general amante del vino. En total, se cataron más de 150 referencias que mostraron la diversidad, el carácter y la identidad de los proyectos participantes.

La jornada, estructurada en un tramo profesional por la mañana y una apertura al público a partir del mediodía, confirmó el interés por conocer de cerca a quienes están detrás de cada vino. Más allá de las cifras, el encuentro destacó por la intensidad del intercambio: preguntas precisas sobre suelos y orientaciones, conversaciones sobre pueblos y parajes concretos, reencuentros entre colegas del sector y nuevos vínculos que empezaron a trazarse copa en mano.

El ambiente estuvo marcado por la cercanía y la profundidad del diálogo. No fue solo una sucesión de catas, sino un espacio de escucha y reflexión compartida. Productores explicando parcela a parcela el origen de sus vinos; profesionales contrastando impresiones; aficionados descubriendo matices y comprendiendo mejor la relación entre territorio y estilo. Durante horas, el foco estuvo puesto en el viñedo y en la figura del viticultor como eje del proyecto.

Durante la jornada, los viticultores leyeron un manifiesto fundacional en el que reivindicaron el viñedo como “la pieza más esencial del alma del vino” y defendieron una forma de entender el territorio basada en el cuidado, la transmisión y el respeto por el paisaje heredado. En el texto, VIR subrayó su apuesta por una región diversa y plural, donde cada parcela y cada viticultor tenga voz propia, así como su compromiso con un modelo sostenible que garantice la dignidad del trabajo en el campo y el futuro de los pueblos. “No competimos contra nadie, construimos junto a todos”, afirmaron, insistiendo en que el prestigio del territorio no puede desligarse del prestigio de quienes lo trabajan y recordando que “sin viticultores no hay viñedo, y sin viñedo, no hay vino”.

Con este primer hito, VIR inicia una hoja de ruta que nace con vocación de continuidad. El balance tras la jornada es el de un proyecto que ha sabido convocar, conectar y generar interés real desde su primera edición, demostrando que cuando el territorio y quienes lo trabajan ocupan el centro, la respuesta es inmediata.

“Estamos profundamente satisfechos con la acogida que ha tenido este primer encuentro en Madrid”, afirma Miguel Merino, bodeguero participante y uno de los portavoces de VIR. “Las 38 bodegas que formamos parte del proyecto hemos sentido un respaldo claro por parte del sector y del público. Este encuentro es la primera de muchas acciones que queremos impulsar para poner en valor el territorio y la figura del viticultor, y para seguir construyendo un espacio de conversación honesta en torno al vino”.

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