Por: Laura Berdejo
Los incendios en las provincias españolas de Madrid, Ávila y Toledo que arrasaron más de 50.000 hectáreas de bosques, pasaron también por encima de viviendas, viñedos, bodegas y cosechas alterando por completo el panorama vinícola de la región.
Algunos viñedos sobrevivieron, y hasta defendieron los campos, pero muchos sucumbieron: el efecto del paso del fuego fue devastador y varios bodegueros no se animan aún a evaluar su trascendencia.
La zona sur de Gredos registró incendios que acabaron con parcelas históricas de Garnacha o Albillo Real y, aunque algunas viñas resistieron el paso del fuego, el humo se fijó en las uvas en una época muy delicada, lo que podría afectar al sabor y al aroma de esta añada.
Viñedos que actuaron como murallas
Sin embargo, dentro de este panorama no todo estuvo tan marcado de pesimismo como cabría pensar: algunos viñedos salvaron casas rurales, pequeñas zonas de campo y hasta grupos de viviendas gracias al alto contenido en agua de las zonas de vid y el diseño de los viñedos, lo que contribuyó a mitigar la expansión de las llamas y actuó como una muralla.

Al observar el paisaje en algunas de las zonas se podía ver, de hecho, cómo algunos viñedos destacan como un oasis en medio de un paraje desolador.
La situación también se ha reproducido en los incendios de Francia, donde muchas viñas se libraron de los grandes fuegos, si bien muchos enólogos lamentaban la posibilidad de que las uvas se impregnaran demasiado del humo.
A la luz de lo sucedido, muchos expertos en Europa buscan promover e incentivar la estructura del viñedo tradicional argumentando, con razón, que además de una actividad económica y social, mantener y plantar viñedos es una inversión capital a la hora de gestionar las zonas rurales y los paisajes de riesgo.
Desde Vinotendencias queremos mostrar nuestra solidaridad con los afectados y recordar que las puertas de casa están abiertas siempre para quienes quieran acercarse a compartir su historia.






















