La Escuela Española de Cata, referente en la formación de sumilleres y profesionales del vino en España e Iberoamérica.
Más de veinticinco años formando talento para entender, comunicar y disfrutar el vino desde una mirada profesional y humana.

En el universo del vino existen proyectos que van más allá de la enseñanza. Espacios donde aprender a catar significa también aprender a interpretar, comunicar y comprender una cultura que une territorio, historia y emoción. La Escuela Española de Cata pertenece a esa categoría: una institución que durante más de veinticinco años ha acompañado la evolución del sector formando a varias generaciones de sumilleres, catadores y profesionales del vino.

Al frente de este proyecto se encuentran dos perfiles complementarios: Arturo Hurtado, periodista especializado, divulgador y coordinador general de la Escuela, responsable de su desarrollo institucional y de su proyección dentro del sector; y Carmen Garrobo, directora académica, encargada de diseñar el modelo formativo, dirigir e impartir personalmente los programas y mantener una estrecha relación con cada promoción de alumnos.

Esa combinación de visión, comunicación y excelencia académica ha convertido a la Escuela Española de Cata en uno de los centros de referencia para la formación vitivinícola en España e Iberoamérica.

Uno de los grandes ejemplos de este modelo es el Curso Internacional de Sommelier, una propuesta que mantiene en cada edición un formato exclusivo: 15 alumnos procedentes de España e Iberoamérica y un claustro integrado por 15 especialistas del mundo del vino, la enología, la gastronomía, la sumillería y la comunicación.

Un sistema que apuesta por una formación personalizada y por el contacto directo con algunos de los profesionales más reconocidos del sector.

Conversamos con Arturo Hurtado sobre la evolución del vino español, el futuro de la profesión y el valor de una formación basada en el conocimiento, la experiencia y la capacidad de transmitir.

«Cada promoción demuestra que el vino sigue despertando curiosidad»

Después de más de veinticinco años, ¿qué sigue emocionándole cada vez que comienza un nuevo curso?

Sin duda, las personas.

Cada promoción es diferente. Hay alumnos que llegan con el objetivo de desarrollar una carrera profesional en el mundo del vino y otros que simplemente quieren comprender mejor todo lo que existe detrás de una botella. Lo apasionante es comprobar cómo todos descubren que el vino es mucho más que una bebida: es cultura, historia, territorio y una forma extraordinaria de conectar con los demás.

Además, nuestro formato reducido favorece una experiencia de aprendizaje muy especial. Trabajar con 15 alumnos y contar con 15 profesionales de referencia permite crear un entorno cercano, participativo y enriquecedor.

La Escuela siempre ha sido un lugar de encuentro. Ese intercambio de conocimientos y experiencias es una de las razones por las que seguimos manteniendo la misma ilusión que al principio.

«El mejor reconocimiento no son los premios, sino volver a encontrarte con antiguos alumnos convertidos en excelentes profesionales».

Un proyecto construido desde la complementariedad

La Escuela Española de Cata se ha consolidado como una referencia dentro y fuera de España. ¿Cuál ha sido la clave?

Nunca nos planteamos ser la escuela más grande, sino una escuela rigurosa, independiente y comprometida con la calidad.

La confianza se construye con el tiempo, a través de la coherencia, el trabajo constante y una forma de entender la formación basada en la excelencia.

También ha sido fundamental la complementariedad entre Carmen y yo. Mi responsabilidad se centra en la coordinación general, la comunicación y el desarrollo institucional del proyecto. Carmen lidera todo el ámbito académico: diseña los programas, dirige los cursos e imparte personalmente la formación.

Ese equilibrio nos ha permitido crecer sin perder nuestra esencia. Compartimos una misma visión: formar profesionales con criterio, conocimiento y capacidad para comunicar el vino de una manera cercana y rigurosa.

Porque el conocimiento no pertenece a quien lo posee, sino a quien sabe compartirlo.

«Un buen sumiller no solo conoce el vino; sabe emocionar con él»

• La profesión del sumiller ha evolucionado mucho en los últimos años. ¿Cómo debe ser hoy un profesional del vino?

El sumiller actual necesita mucho más que conocimientos técnicos. Debe tener capacidad de comunicación, interpretar tendencias, comprender al consumidor y transmitir emociones.

El vino ya no se entiende únicamente desde la botella. Detrás de cada etiqueta existe un territorio, una historia, una forma de trabajar y una identidad que el profesional debe saber interpretar.

Ese enfoque práctico forma parte del modelo académico de la Escuela Española de Cata. Los alumnos aprenden desde la experiencia, la cata y el contacto directo con profesionales que conocen la realidad del sector.

Nuestro objetivo no es solo formar especialistas, sino profesionales capaces de pensar, analizar y desarrollar un criterio propio.

El vino como experiencia cultural

¿Cómo observa la evolución del vino español?

Estamos viviendo una etapa muy interesante.

España ha alcanzado un enorme reconocimiento internacional gracias al trabajo de bodegas, viticultores y enólogos que han sabido combinar tradición e innovación.

Al mismo tiempo, el consumidor ha cambiado. Hoy no busca únicamente una botella; quiere conocer quién está detrás del vino, su origen, el paisaje y la historia que lo acompaña.

Por eso, la comunicación se ha convertido en una herramienta fundamental. El sumiller del siglo XXI debe ser capaz de poner en valor todo ese patrimonio y acercarlo al consumidor de una forma comprensible y emocionante.

Viajar para comprender el vino

El vino también es territorio. ¿Qué destinos recomendaría a un aficionado al enoturismo?

En España siempre recomendaría Jerez, uno de los grandes patrimonios vitivinícolas del mundo y un ejemplo extraordinario de cómo el vino forma parte de la identidad cultural de un territorio.

Fuera de nuestras fronteras me impresionó especialmente Sudáfrica. Regiones como Stellenbosch o Franschhoek han desarrollado un modelo de enoturismo donde paisaje, gastronomía y vino conviven de una manera excepcional.

Viajar ayuda a entender mejor el vino porque permite descubrir las personas, los lugares y las historias que existen detrás de cada elaboración.

«La curiosidad sigue siendo el mejor punto de partida»

• ¿Qué le diría a alguien que está pensando en formarse como sumiller?

Que nunca ha habido tantas oportunidades como ahora.

El sector necesita profesionales preparados, pero sobre todo personas curiosas, con ganas de aprender y de seguir evolucionando.

Los conocimientos técnicos se adquieren con estudio y práctica, pero la capacidad de escuchar, comunicar y emocionar se construye día a día.

Ese es el espíritu que dio origen a la Escuela Española de Cata hace más de veinticinco años y que seguimos manteniendo junto a Carmen Garrobo desde nuestras respectivas responsabilidades: ella desde la dirección académica y el aula; yo desde la coordinación general y el desarrollo del proyecto.

Porque, al final, sucede como con el vino: el conocimiento solo alcanza su verdadero valor cuando se comparte.

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