“Soy una enamorada del vino como cultura, como paisaje y como lenguaje”
Por Laura Berdejo
El mes pasado, la Gran Cena de la Comunicación del Vino 2025, celebrada en la emblemática Masía de José Luis, en la Casa de Campo de Madrid, la periodista Mar Galván recibió el galardón a la Mejor Periodista Comunicadora del Vino del Año 2025 por parte la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV).
Lleva décadas seduciendo a lectores, oyentes y espectadores sobre el mundo del vino. Su labor se distingue por su capacidad de relacionar la cultura del vino con las emociones, los territorios y todas las historias humanas que esconde.
Nos hemos reunido con ella para charlar sobre el premio, las tendencias en el mundo del vino y cómo contarlo:
“Mejor Periodista y Comunicadora del Vino del Año 2025” ¿Qué significa este premio para ti?
Es una enorme emoción y, sobre todo, una gran responsabilidad. Este premio no lo siento solo como un reconocimiento personal, sino como un respaldo a una forma de contar el vino desde la honestidad, el respeto y la cercanía. Es una palmada en la espalda que me dice: sigue así, sigue contando historias con alma.
¿Quién es y a qué se dedica Mar Galván?
Soy una enóloga, comunicadora enamorada del vino como cultura, como paisaje y como lenguaje.
Me dedico a analizar dar credibilidad a las normativas vigentes de elaboración y comunico el vino desde muchos ángulos: escribiendo, entrevistando, viajando, escuchando y traduciendo al lector lo que ocurre en viñedos, bodegas y personas.
¿Cómo debería ser la correcta comunicación del vino?
Debe ser clara, honesta y humana. El vino no necesita disfraces ni tecnicismos vacíos. Necesita verdad, contexto y emoción. Comunicar vino es saber explicar sin excluir, emocionar sin exagerar y respetar el trabajo que hay detrás de cada botella.

¿Cómo has visto cambiar la profesión de los periodistas desde que te dedicas a contarnos el vino?
Ha cambiado muchísimo. Antes primaba el papel y el texto largo; hoy convivimos con formatos digitales, redes sociales, vídeo y una inmediatez constante. El reto es no perder el rigor ni la profundidad en medio de ese ruido. El periodista ya no solo informa: interpreta, conecta y da credibilidad.
Mar Galván reivindica comunicar el vino desde la honestidad, la sensibilidad y el respeto, alejándose del tecnicismo vacío y del marketing superficial. Subraya su capacidad para unir cultura, territorio y emoción, poniendo siempre en el centro a las personas que hay detrás de cada vino, y considera que el premio reconoce una trayectoria coherente, rigurosa y profundamente humana.
¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo ahora mismo?
Las personas. Escuchar a viticultores, bodegueros, enólogos y entender sus miedos, sus sueños y su manera de ver la vida. Cada historia es distinta y eso hace que nunca me canse.
¿Y lo que más te cuesta?
La precariedad del sector y la falta de tiempo para profundizar como me gustaría en algunos temas. A veces el ritmo no acompaña a la reflexión que el vino merece.
¿Hacia dónde se encamina el mundo del vino?
Hacia la autenticidad. El consumidor busca origen, sostenibilidad, identidad y verdad. Menos artificio y más viñedo. Más historias reales y menos marketing vacío.
Y el mundo del periodismo enológico… ¿hacia dónde vamos?
Hacia una especialización cada vez mayor. Habrá menos voces, pero más formadas y con criterio. El futuro pasa por la credibilidad, la independencia y la capacidad de generar confianza.
¿Qué consejo darías a los periodistas que comienzan en este sector?
Que escuchen mucho, que prueben más y que escriban con respeto. Que no tengan prisa por opinar y sí muchas ganas de aprender. El vino es paciencia, y el periodismo también.
¿Qué opinión te merecen los concursos de vinos?
Bien entendidos, son una herramienta útil para bodegas y consumidores. Aportan visibilidad y orientación, siempre que haya rigor, transparencia y un jurado profesional. No son el fin, pero sí un buen escaparate.

En tu casa, en el día a día, ¿qué vino no falta?
Un vino honesto, de esos que se beben sin pensar demasiado, pero que cuentan algo. Suelen ser vinos de pequeños productores, frescos, con identidad y sin artificios.
Y, para terminar, ¿algún deseo para 2026?
Que sigamos contando el vino con respeto, que el sector crea más en la comunicación de calidad y que nunca perdamos la emoción de descorchar una botella y escuchar lo que tiene que decir.





















